Falsa reconstrucción de un caso real: Un encuentro fatal
31 May
He cumplido casi cuatro años y medio sin televisor. No trato de ponerme panfletario sino más bien de racionalizar una combinación de inercia, pereza e incapacidad técnica. Mi desconexión comenzó en Dublín y en Lyon: los programas de televisión estaban en un idioma en aprendizaje y no resultaba fácil seguirlos. Una vez dominado el idioma, el contenido, especialmente el de los programas en directo, se me vuelve muy difícil de comprender: los símbolos, los gestos, los tema, la ideología o el propósito de los programas me son extranjeros. En Irlanda, por ejemplo, los magazines y las tertulias sobre temas del corazón apenas existían en la tele -aunque sí en prensa- y en Francia los debates tenían siempre una pátina cultural que me ponía nervioso: incluso un programa de cocina parecía una metáfora continuada sobre los ingredientes que confluían hacia el Uno-Todo, que era el plato.


