Historico por autor

Mil perdones

8 Oct

Os pedimos mil perdones por no contaros nuevas cosas sobre Un hombre cae de un edificio, pero nos hemos trasladado hasta Londres para tener cerquita a nuestros ilustradores y maquetadores y reclutar a nuevos artistas para darle una vuelta de tuerca al proyecto.

Por el momento podéis echar un vistazo a la humilde repercusión que ha tenido en algunas páginas (la mayoría escritas por familiares directos)

http://www.mislibrospreferidos.com/leer.php?id=982
http://libros.mysofa.es/libro/un_hombre_cae_de_un_edificio

También podéis disfrutar con el relato de Dersony, a propósito del LHC. Podéis visitar su página aquí. Dersony también nos ha leído y se ha decidido a colaborar. Tú también deberías hacerlo. Por la Democracia. Por la Cultura. Por tu Bien.

“Antipodae (abundando sobre el LHC)”

Detener el tiempo, es posible? Ahora nos vendría bastante bien.

Hoy ha amanecido con un pequeño sol negro asomando por el horizonte. He ido al quiosco, he comprado el periódico y ahí se explica todo. Lo que tenía que pasar pasó, el LHC la ha cagado, a lo grande.

Ahora hay un agujero negro devorando la tierra. No han calculado cuánto le va a costar terminar con el planeta, eso es que no va a tardar nada, menos de lo que se tardaría en calcularlo. Ya da igual.

Justo ahora ando por las antípodas, así que puedo pillar un buen sitio para contemplar el colapso final. Qué potra, jeje.

Te cuento, el sol negro del horizonte no se eleva pero sí que aumenta de tamaño y, justo enfrente suyo, a 180 grados, asoma otro sol negro de iguales proporciones. Está claro que son el dichoso agujero, no me imaginaba que se vería así.

Pues bien, poco a poco se van acercando uno al otro y yo empiezo a sentir como un cosquilleo por dentro, como si me fuese a poner a flotar de repente en el aire.

Las cosas se ven un poco estiradas hacia los agujeros, alargadas, como en un cinemascope mal ajustado. Las sombras se pierden en el horizonte, igual que en el ocaso.

Mi cuerpo se estira como un chicle, aunque, afortunadamente, no siento ninguna molestia por ello. Es curiosa esta flexibilidad, uno esperaría desgarrarse espantosamente, deshacerse en pedacitos envuelto por el dolor más insoportable, a causa de esta atracción bipolar, pero no es así. Supongo que el espacio es más maleable de lo que creíamos, o no sé, algo por el estilo.

Ahora soy un espagueti y todo lo que me rodea son hebras ebrias, ‘hébridas’, como dirían los de allende, joviales y cantarinas. La misma euforia inexplicable embarga todo mi ser. Quién iba a decir que esto sería tan divertido!

Los agujeros ya casi se tocan y la materia vibra extasiada ante su inminente liberación, disolución. Lo que queda de nosotros se ha fundido, comprimido y convertido en un filamento incandescente, de pura energía.

Ahora el agujero se muestra en toda su extensión, como un inmenso océano sobre el que flotara una chispita diminuta y al segundo: Srruupp!

Cien descargas

30 Sep

La pasada noche llegamos a las cien descargas de Un hombre cae de un edificio. ¡Muchas gracias a todos! En breve lo sacaremos en papel para que lo podáis disfrutar en un formato más tradicional

Descargar.

Los primeros ejemplares impresos

23 Sep

Libro

¡En un par de semanas, a la venta!

¡Buscamos opiniones!

16 Sep

Dentro de pocos días recibiremos los primeros ejemplares en papel de “Un hombre cae de un edificio”. Sí, así traicionamos en cierto modo el espíritu electrónico (sic) que ha rodeado al libro durante todo este tiempo. En descargo, y sin que sirva de pretexto, estamos dispuestos a hacer concesiones y regalos.

En esta página se entra de dos maneras: una, a la Schadenfreude. Esto es una forma brillante de fracasar, ¿por qué  negarlo? Lo tenemos todo: ilustradores, maquetadores, correctores y críticos, por tener tenemos hasta un escritor, pero nos ha vuelto a atrapar (ay) nuestro romanticismo: el metal que todo lo puede, en especial, en cuestiones de márketing y distribución y una ausencia casi total de contactos para colar “Un hombre…” en un mercado tradicional o alternativo. El lector Schadenfróidico, que puede que en cierta manera también sea escritor – de algún modo -, también disfruta de la insistencia en el fracaso. ¡Qué grandes metáforas! La web, como el espejo del alma posmoderna, etcétera.

La otra manera de entrar es la del ingenuo: el hermano de alguien le ha dicho en un foro de literatura que hay unos tipos que regalan un libro. No pierde fuelle, ni cae al desaliento, o quizá no tenga mucho que hacer esa mañana, así que no le queda otra que descargarse el libro e incluso puede que le guste. Así que el tipo escribe en el foro de literatura: “pues está chulo, me lo he leído entre magdalena y magdalena, ahora voy a por las obras completas de Tácito”.

Seria de necios no amar a los dos lectores: a fin de cuentas, los que suscribimos esto también hemos pintado los borrosos mapas que delimitan la envidia, la admiración y la indiferencia. A veces con nuestra escritura, otras con nuestros dibujos, hay a quién le inspira el diseño.

Así que: ¡buscamos vuestra participación! ¡Buscamos vuestra colaboración! Podéis enviarnos vuestras críticas, podéis rehacer un cuento a vuestro gusto, mandarnos un nuevo dibujo, una nuevo diseño de la web. El premio, por supuesto, un ejemplar no numerado (sin ISBN) y autografiado por el autor, directamente en vuestra casa. Y si no conseguís el premio, al menos veréis publicado vuestro trabajo en la nueva sección que abriremos.

Abrazos, abrazos y descarguen el libro.

Descargar Un hombre cae de un edificio

7 Sep

A mí no me molesta que alguien preste un libro escrito por mí, y ese libro prestado circule entre mucha gente; al contrario es una práctica que apruebo y trato de fomentar. Del mismo modo, no me molesta que hagan fotocopias de mis libros. Incluso estoy tentado de publicar mis libros en Internet, para que los bajen gratis. Me molesta que me robe un editor, y los editores a menudo me roban, y roban a todos los escritores, de un modo de otro. [...]

La cultura, los productos de la inteligencia y la sensibilidad, es algo que debe circular libremente, gratuitamente, porque no puede ser propiedad privada de nadie, ya que la mente no es propiedad privada de nadie. [...] Si yo escribo un cuento y lo destruyo porque siento que no es “mío” y mucho tiempo después encuentro la prueba material de que no era “mío”, eso quiere decir algo. Un texto escrito por mí no es “mío” porque yo sea el propietario; es “mío” como puede ser “mío” un hijo.

Habría que encontrar una fórmula para que lo artistas pudieran sobrevivir sin necesidad de traficar con sus derechos de autor; habría que aniquilar ese podrido sistema de editores chupasangres, al libro como objeto, a las persecuciones por fotocopiar o piratear. Es cierto: un escritor que acierta con un título acorde con el gusto popular, puede enriquecerse de la noche a la mañana (difícilmente en este país, claro), y ni que hablar de los autores de software. Pero todos sabemos que ese enriquecerse es una forma también de empobrecerse y, de todos modos, los que quieran entrar en ese sistema, de acuerdo, allá ellos.

No tengo ni idea de cómo podrá resolverse el problema de los artistas y autores de software (ellos también artistas, a su manera), pero la cosa seguramente no viene por el lado de los porcentajes que se cobran por derechos de autor.

Mario Levrero, La novela luminosa

Desde que Mario Levrero escribiera estas líneas hacia el 29 de diciembre de 2000, las licencias libres, sobre todo en el caso del software y la música, han evolucionado a una velocidad pasmosa, hasta convertirse en un hecho inapelable. Queda, supongo, rescatar también esa osadía no tanto de desafiar a los editores o a la industria editorial, sino al concepto mismo de derecho de autor. Y el lugar de donde parte: la creación.

Desde hoy y desde aquí, podéis bajar

Un hombre cae de un edificio

para imprimir en cualquier impresora, para distribución gratuita, para copia y modificación libre.

Un abrazo,
Raúl Quirós.

Una portada

31 Ago

La cubierta del libro

Por Sergio Fernández Gallardo.

Dentro de muy poco

21 Ago

Poco, dentro de muy poco, quizá días o semanas, vamos a colgar el libro, en formato PDF, para poder imprimirlo. Unos días después lo subiremos a alguna página de autoedición para conseguir un ISBN y sortear todas las burocracias necesarias para que el libro pueda ser comprado en una tienda.

Repetimos: vamos a colgar el libro, gratis, bajo licencia Creative Commons, para que todo el mundo pueda descargarlo y quizás leerlo.

Después de varios meses de duro trabajo, pruebas y correcciones tenemos una pequeña pieza, imperfecta, pero que acumula una gran voluntad por parte de nuestros amigos y compañeros. Baste eso, de momento.

Por eso el libro va dedicado a ellos, a los vivos. También a los muertos, ahora que llega el tiempo de la celebración y la fiesta.

Dice José Mateos : “A veces he imaginado que, en la tierra invertida que es la muerte, quizás los muertos tienen – no sé en donde- un lugar al que van de vez en cuando para dejar algunas flores ante las lápidas de los vivos. Y quizás algunas de estas canciones son en lo que se han convertido esos crisantemos, padre, que hace tiempo allí me dejaste.”

Este libro también pertenece a Iván Eson Ntue (Markus).

¡Queremos vuestras preguntas!

2 Ago

¡Hemos abierto un formspring para responder a todas vuestras preguntas! ¡No seais tímidos, que la mejor pregunta se lleva un premio!

http://www.formspring.me/unhombrecae

o en el panel de al lado. ¡No olvidéis dejar vuestro correo electrónico para que nos pongamos en contacto con vosotros!

La verdad sobre el LHC

15 Jul

El CERN, creador del famoso acelerador de partículas, ha declarado hoy que apoyará las licencias Creative Commons; licencias que también utiliza Un hombre cae de un edificio, que a su vez incluye un relato sobre el acelerador de partículas y su creador, que trabaja en el CERN.

La verdad sobre el LHC

Paracaídas

4 Jul

Me llamo Rubén Martínez Díaz. Tengo seis años y medio. Mi color favorito es el naranja. Mi color favorito es el naranja porque mi gato es de color naranja. Vivo en el sexto piso de la calle Río Alagón. Mi gato solo tiene seis vidas porque una vez se cayó por la ventana y papá lo tuvo que recoger de la calle.

Paracaídas (pulsar sobre la página para continuar)