Historico | Junio, 2010

Un hombre cae de un edificio

27 Jun

Pues aquí llega lo mejor del sueño del señor con bigotito. La extraña pareja sube hasta el Empire State Building. Después de guardar una cola de una hora y subir 102 pisos de altura se encuentran en el mirador. El señor del bigotito, claro está, le pide a su mujer que le saque más fotos, allí a 102 pisos de altura y la mujer, tan cansada que preferiría estar en el hotel planchando el pijama con la bota del pie izquierdo, le saca aún máaaas fotos. Le saca tantas fotos que le duele el foto del darle al botoncito. Y el hombre venga a hacer el tonto en la cornisa, y la mujer venga a darle al botoncito. Y el hombre en la cornisa y la mujer: “que no hagas el tonto”, y el hombre que se acerca a la cornisa y ¡plof!
¡Se cae!
Se cae desde una cornisa a 102 pisos de altura. La mujer grita, los otros turistas gritan y un bebé que lo ve caer no grita, porque no ha aprendido a gritar, sino que se ríe y a todos les parece tan rico que dejan de gritar.

Un hombre cae de un edificio

El malo de la película

20 Jun

Ésta es la única memoria que conservo sobre el único hijo que tuve. No recuerdo su nombre, ni su cara, ni el color de sus ojos. Pensarás si no es fruto del delirio que azota a los que vivimos bajo este cielo siempre gris o si se trata de una mala metáfora con la que sugerirte una historia verdadera. Mi hijo fue llevado por alguno de los riachuelos que formó la lluvia aquella noche, cayó dentro de una alcantarilla y la corriente lo arrastró hasta el mar. Allí se alimentó de algas y sales, luego alcanzó el tamaño justo para elevarse junto al agua evaporada por el sol. Después se unió a cualquier nube que encapota el cielo de Dublín y un día descargará sobre St. Stephen’s Green. Con suerte, en su lenta caída junto a la lluvia encontrará tierra fértil. Comenzará a florecer, a crecer, esta vez como un hijo verdadero, un hijo de la tierra y no de la herida, como un diente de león, o un morronguillo. Quizá esas nubes no se quedaron en Dublín y el viento las transportó hasta aquí, hasta Francia. Algún día lo reconoceré mientras paseo por algún parque, puede que vaya contigo de la mano o absorto en mis pensamientos, puede que levante la mirada y lo reconozca y entonces le abrace y pueda, al fin, darle un nombre.

El malo de la película

El vestido verde y Un viaje a Zimbabwe

6 Jun

Un calendario que incluye un cuento.

El relato de un viajero en los teletransportadores del mundo moderno.

Ya queda menos para que saquemos el libro en papel… Stay tuned!